El fin del apretón de manos y la erradicación del beso social
Lunes, Agosto 24, 2009
El Ministerio de Sanidad acaba de publicar la lista de recomendaciones para evitar la propagación el próximo otoño de la gripe A en el entorno laboral.
Autoridades y empresas se preocupan para paliar los efectos que este virus puede tener en la economía de las empresas, en la salud de los trabajadores y en el sistema sanitario. Y seguramente tendremos que ser cautelosos ante esta epidemia y tomar todas las medidas preventivas para que incida lo mínimo posible en una economía ya muy castigada. Todas las medidas propuestas tienen este fin. Pero, ¿habéis pensado en los efectos secundarios de las dos últimas recomendaciones?
• Mantenerse a un metro de distancia de los compañeros de trabajo
• No dar la mano
¿Qué pasará si todos cumplimos el precepto de estar a un metro de distancia de nuestros compañeros de trabajo? ¿Se acabarán los golpecitos en la espalda entre colegas; habrá que celebrar las reuniones de junta con la mitad de los integrantes; se recomendará la videoconferencia incluso para las reuniones en la sede, y desaparecerá cualquier roce, los de clara y los de dudosa intención?
¿Qué pasará si, a la vuelta de las vacaciones, ya no nos saludamos con un apretón de manos? Se acabará uno de los gestos que simbolizan cordialidad, entendimiento, compromiso y firmeza. Un apretón de manos nos dice muchas cosas de nuestro interlocutor. ¿Cómo haremos entonces para calibrar con quién estamos tratando?
Además, se vivirán situaciones incómodas, parecidas a las producidas por los desajustes culturales cuando dos personas tienen hábitos diferentes o entienden la relación de forma distinta. Podremos encontrarnos con algún despistado que tienda la mano de buena fe, como señal de confianza, como ha sido hasta ahora, y nosotros tendremos que rehusarla. Momento delicado porque, si nos excusamos, tendremos que explicar –no sin un sentimiento de cobardía– que es por miedo al contagio. Si, en cambio, despistamos y guardamos la mano en el bolsillo o detrás de la espalda, pasaremos por distantes, poco corteses y poco interesados en el negocio.
Así las cosas, quizás tendremos que adoptar otros saludos y nuevos rituales. Poco conocedora como soy de otras culturas sólo se me ocurren, como más asépticas, la parsimoniosa inclinación de los orientales y el cinematográfico “¡Jau!” de los indios con la mano levantada. Los besos en la boca de los rusos quedan, está claro, fuera de toda posibilidad.
Y sobre besos, besos sociales quiero decir, la lista no decía nada. Quizás ya se sobreentiende que si nos mantenemos a distancia no podemos besarnos. Pero sería bueno explicitarlo dada la tendencia que tienen algunos y algunas a acercar la mejilla al primero que se les cruza. Quien sabe si gracias a la gripe A erradicaremos una práctica en el entorno laboral que el protocolo siempre ha visto con malos ojos y que sigue marcando diferencias entre sexos. Por fin se acabará la eterna duda de muchos hombres sobre si tienen que saludar con besos a una mujer. Y la incomodidad de muchas mujeres, que no tienen más remedio que aceptarlos con una complaciente sonrisa.