Sabemos que nos expresamos a través del lenguaje corporal, que lo hacemos de forma inconsciente en la mayoría de las ocasiones y que estos mensajes condicionan nuestra comunicación.

El investigador Philippe Turchet lo explica así:
El cuerpo humano nunca hace movimientos irreflexivos, movimientos que no tengan un sentido concreto. Cada acción, incluso la más íntima, modifica el metabolismo y fatiga y oxida el cuerpo. Por lo que el ser humano nunca hace ningún movimiento sin que exista una razón para ello. El movimiento responde a una necesidad y permite la restauración de un equilibrio. Ahora bien, una necesidad, por definición, está relacionada con una carencia o nace de una insatisfacción.


Queda claro. Pero, ¿somos sensibles a estos mensajes que nuestro interlocutor emite? Y si los recibimos, ¿los interpretamos correctamente? Nos queda todavía un largo camino que recorrer en el aprendizaje consciente de este código. La mayoría de nosotros somos analfabetos para descifrar el lenguaje no verbal y esto supone una limitación en nuestras habilidades. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos descubrir lo que se esconde detrás de cada movimiento?

Teresa Baró
Febrero 2008

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