María es la directora de un centro geriátrico de Menorca. Le apasiona su trabajo y lleva en la mirada y en la voz su vocación por aliviar el sufrimiento ajeno.
Una de las residentes del centro, con Alzheimer muy avanzado, un día que María se le acercó sonriente, le dijo: “No recuerdo quien eres, pero sé que me quieres.”
Me impresionó esta historia porque nos muestra el poder de la sonrisa; el efecto balsámico y tranquilizador de un gesto que a veces nos cuesta demasiado dibujar.
A María, la sonrisa le salió del corazón, tan llena de amor como está, y llegó directamente al corazón de la anciana, sin pasar por el laberinto de la razón o de la memoria, ya deterioradas.
Al fin y al cabo, cuando nos comunicamos intensamente y con todo el deseo de dar, no necesitamos las palabras. La mirada de la sonrisa habla por nosotros.
Marzo 2010
El poder de la sonrisa
Lunes, Marzo 22, 2010
Asertividad lingüística
Martes, Marzo 16, 2010
En mi último curso de presentaciones en Talavera de la Reina me encontré con un grupo entusiasta, de espíritu generoso y con muchas ganas de aprender y colaborar. Y como pasa siempre en estos casos, todos salimos con nuevos aprendizajes.
Entre otras muchas cosas, yo aprendí que el pasado de producir es “produjo” y no “produció”. Mi mente catalanohablante tiene algunos lapsus lingüísticos, especialmente en la inmediatez de la expresión oral. Según certifican dos de mis alumnos, conjugué mal en dos ocasiones, por lo menos.
Pero esto sólo es la anécdota. El auténtico aprendizaje fue valorar cómo la asertividad nos permite defender lo que consideramos correcto, lo que es patrimonio de todos y, por dejadez o ignorancia, algunos podemos estropear.
Un alumno me explicó personalmente y con toda delicadeza el desliz que había cometido. Otra asistente me envió un amable correo -pero no por ello menos corrector- diciéndome que entendía el error y que muy probablemente lo había cometido porque yo era usuaria habitual de otra lengua.
Me pareció una actitud elogiable, tanto por el fondo como por las formas. Y envidio el grado de exigencia en cuanto a la corrección del propio idioma que demuestran los hablantes del castellano. Ojalá los usuarios del catalán fueran tan “primimirats” (escrupulosos) con sus profesores, sus políticos, sus directivos, sus ídolos, sus compañeros.
La normalización de una lengua no es sólo conseguir que la gente hable esta lengua, sino que sus hablantes la consideren digna de respeto.