Abril 2009


Hace unos días, Bernat Ciurana, de la emisora Quart FM, me preguntaba en su programa “La taula de’n Bernat” para qué sirven los elogios y si son una forma de seducción.
Está claro que lo son. Los seductores saben encontrar palabras que hablan bien de nosotros y que nos complacen. ¿Cuál es el secreto de estas palabras mágicas?
• Tienen que ser sinceras
• Tienen que ser oportunas
• Tienen que referirse a alguna virtud o cualidad que valora el destinatario
• Tienen que ir acompañadas del tono y gesto adecuados
• Los elogios también pueden ser una mirada, una sonrisa, un gesto de felicitación o de éxito.

Los elogios tienen muchas virtudes:
• Son una forma de engrasar el engranaje de las relaciones. Con el elogio creamos un buen clima para la relación, reducimos resistencias y neutralizamos actitudes opuestas o agresivas.
• Son una forma de reconocimiento, en casa y en el trabajo. Es necesario reconocer el trabajo bien hecho de quienes nos rodean, porque todos necesitamos sentirnos valorados y el aprecio de los demás.
• Son una forma de agradecimiento, especialmente, si va ligado a una labor que nos afecta. A menudo, hacemos cosas a cambio de nada; sólo esperamos una muestra de agradecimiento.
• Son una manera de estrechar lazos. Porque entramos en sintonía con esta persona, porque se sentirá especial para nosotros y porque, normalmente, le apetecerá correspondernos.

Un consejo para finalizar: no olvidéis los elogios para aquellas personas que tenéis más cerca i con quienes convivís. La relación cotidiana es la que está más llena de fricciones, desgaste, cansancio y rutina. Y es la que tiene más carencia de magia y seducción.

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Se habla mucho de la brillante oratoria de Barack Obama. Pero aunque sus discursos están bien redactados, estos no serían nada sin su maestría en la puesta en escena.
Hoy quiero hablar de sus gestos. Obama tiene un gesto firme pero contenido, más rítmico que ilustrador; en general abierto aunque es frecuente que señale con el índice o confirme con el puño casi cerrado haciendo un aro con índice y pulgar. Pero es justamente la ausencia de un tipo de movimiento habitual en todos nosotros lo que da más fuerza y más poder de persuasión. Lo más destacable de su gesticulación es el control y la “pulcritud”: nunca hay un gesto involuntario; no existe el gesto de la duda o del error que se intenta corregir, no hay síntoma de nerviosismo o de inseguridad. Podemos decir que no hay en sus discursos ni en las entrevistas o debates televisivos -en terminología del psicólogo Paul Ekman – ni un solo un gesto “adaptador”. Vean tantos videos de Obama como quieran: ¿Alguna vez se rasca la cabeza? ¿Se toca la nariz? ¿Se tapa la boca? ¿Se coloca la corbata? ¿Da vueltas a su alianza o se toca el reloj? ¿Le han sorprendido tocándose el cuello? Cualquiera de estos gestos y otros similares suelen ser síntomas de inseguridad, indecisión o simple incomodidad. Son movimientos prácticamente inconscientes difíciles de controlar. Son traidores porque nos delatan ya que dan una información muy valiosa al público sobre nuestro verdadero sentir interno.
Les invito a observar un video de una entrevista a la candidata Ségolène Royal en las pasadas elecciones presidenciales francesas.

En la entrevista podemos apreciar su reacción gestual al darse cuenta de su patinazo en la respuesta sobre submarinos nucleares. Aunque es interesante observar durante toda la entrevista el control de la candidata francesa, pueden dirigirse directamente al 1:58 minutos. En este momento, la credibilidad de Royal queda en entredicho.
Quiero transmitir ahora a los lectores de este blog un consejo que siempre divierte a mis alumnos: Si quieren ser convincentes, por favor, no se toquen.

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