Enero 2009


En esta época supuestamente de crisis (en todo caso, mucho más profunda en los valores que en la economía) reconforta leer historias de superación y generosidad, de empresas con espíritu, de proyectos logrados.
Si necesitáis una dosis de optimismo, una razón para no ceder ante los obstáculos o, simplemente, queréis saber cómo se puede llegar a ser el tercer productor de yogures de Cataluña, recomiendo leer la historia de la Cooperativa La Fageda. Por todas estas razones y muchas más.
- Porque la historia es real y resulta mucho más apasionante que cualquier novela.
- Porque nos demuestra que sí es posible cambiar el mundo.
- Porque habla de profesionales luchadores, con valores sólidos y voluntad de servicio que se han convertido en referentes en el mundo empresarial y en el ámbito social.
- Porque hoy es un modelo de esfuerzo, sacrificio y tenacidad con recompensa final.
- Porque las historias personales que narra colocan frente a frente la grandeza y la miseria de los humanos.
- La recomiendo especialmente a los luchadores, a los trabajadores, a los utópicos, a los inconformistas, a los que no están nunca satisfechos, a las personas que viven apasionadamente y creen que “el sentido del trabajo es un trabajo con sentido”.
Tendría que ser lectura obligada para los quejicas, pesimistas, pasotas, críticos, destructivos, egoístas, trepas, perezosos… Lo dejo aquí.
(GONZÁLEZ, Dolors; La Fageda, història d’una bogeria: La Magrana – RBA Libros, SA.; Barcelona 2008)

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Nuevas formas de comunicación requieren nuevas pautas de comportamiento. El mundo moderno nos coloca ante situaciones nuevas que enseguida se convierten en habituales y que, a la fuerza, son aceptadas, guste o no guste. El teléfono móvil y el uso de internet son dos casos claros de cómo la tecnología altera las formas de comunicación y, por lo tanto, afecta a las relaciones y a las correspondientes normas de cortesía.

Hoy, se puede decir que no es de este mundo quien que no navegue por internet, no utilice el correo electrónico o no tenga una buena red social on line. Y, como en todas las relaciones, es necesario compartir unos códigos, no sólo para la comprensión mútua sino también para obtener la máxima fluidez en el intercambio y establecer relaciones de confianza.

Por todo eso es imprescindible el libro de Magalí Benítez Cibermaneras (*). Porque ir a cenar a casa de amigos o asisitir a bodas de vez en cuando no significa saber comportarse siempre adecuadamente en este tipo de situaciones. Y hoy, todos utilizamos la Red, pero cada día nos sorprende el desconocimiento de las normas de cortesía básica, incluso entre los más veteranos de la Red.

Es verdad que todos, en algún momento, hemos metido la pata y quedado mal ante nuestro interlocutor (puede que ante muchos); todos hemos utilizado inapropiadamente alguna información interesante encontrada en la Red. Pero también es cierto que todos hemos sido aprendices y, especialmente los que ya contamos con una edad, hemos aprendido sin profesor.

Hace siete años, envíe un correo a unas cuantas personas poniendo su dirección en el campo cc:. Una de estas personas era la autora del libro que comento, Magalí, quien tuvo la amabilidad de señalarme que aquella práctica podía molestar a los destinatarios y me recomendaba utilizar el campo cco:. Ahora, contamos con un manual de referencia que nos guía en las relaciones virtuales. Y es importante tenerlas en cuenta porque, como en las relaciones presenciales, nos jugamos la credibilidad, la imagen profesional y la reputación. Además, la ética y la buena educación tienen que estar todavía más presentes en este espacio, donde a menudo actuamos en el anonimato.

Internatuas: estoy convencida de que por expertos que seáis encontraréis en este manual consejos útiles y ideas con las que jamás habíais pensado. Es de lectura fácil y amena, con ejemplos muy aclaradores; apto para los más noveles.

(*) BENÍTEZ, Magalí: Cibermaneras. Ed. Planeta.

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En un comentario al post Lenguaje corporal ¿De qué nos habla? Félix me pregunta si es posible que un mismo movimiento pueda ser interpretado de formas distintas.

Sí. “Afortunadamente”, no podemos descifrar con exactitud todos los movimientos de una persona. Una de las razones básicas es que un gesto no se puede entender aisladamente sino en relación con otros movimientos, la actitud corporal o el tono de voz. Por lo tanto, cruzar los brazos puede tener una lectura de autoprotección, timidez, altanería o indolencia según los demás mensajes que emite el cuerpo simultáneamente.

Otra razón fundamental es que cada comunidad (desde las grandes culturas a pequeñas organizaciones, tribus urbanas, familias, etc.) tiene gestos propios, compartidos por sus miembros, y que además les identifican como grupo.

En la interpretación de los mensajes no verbales tiene un papel clave la intuición. Pero debemos ser prudentes a la hora de atribuir significados concretos a gestos aislados pues la comunicación humana es muy compleja, con simultaneidad de códigos en acción y afectada siempre por el contexto.

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El investigador Albert Mehrabian estableció en 1971 los conocidos porcentajes (55% – 38 % – 7 %) que definen la proporción en que intervienen el lenguaje no verbal, el paralenguaje y el lenguaje verbal en numerosas situaciones habituales de comunicación. Es decir que en una relación personal, por ejemplo, lo que vemos (apariencia, posición del cuerpo, movimientos, gestos, expresión del rostro, mirada, etc.) cuenta un 55 %, la voz (entonación, volumen, pausas, timbre, etc.) tiene un peso del 38 %. Y lo que decimos cuenta en un 7 %.

¿Alguien duda de la importancia de la expresión no verbal a la hora, por ejemplo, de establecer una relación de confianza? Pueden leer la breve novela de Philippe Claudel La nieta del señor Linh, la historia de una intensa amistad que se forja sin palabras.

Le agradezco a Javier Fornieles, catedrático de Lengua y Literatura y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Almería que me lo regalara al final del seminario que impartí en esta facultad. Es el responsable de las lágrimas incontenibles que me acompañaron durante el vuelo Almería-Barcelona, el tiempo que tardé en deborar esta conmovedora historia.

(CLAUDEL, Philippe; La nieta del señor Linh; Publicaciones y Ediciones Salamandra; Barcelona 2008)

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