Miércoles, Enero 16, 2008
Una de las dificultades que todos hemos tenido alguna vez al hablar en público es saber dónde poner las manos, qué hacer, cómo moverlas. En los cursos de oratoria es casi la primera pregunta que surge: ¿cómo he de mover las manos?
La gesticulación es una parte fundamental de nuestra comunicación. Incluso si hablamos solos, gesticulamos; los movimientos del cuerpo acompañan inevitablemente nuestras palabras. Cuando estamos en silencio, las manos quedan en silencio: reposan sobre nuestras piernas, a ambos lados del cuerpo, en los bolsillos o cruzadas sobre el pecho. Pero en el momento que empezamos a hablar, inician una danza particular diferente en cada uno de nosotros. El lenguaje del gesto pone imágenes a nuestras palabras, marca el ritmo y transmite todo tipo de emociones.
Cuando callamos, las manos vuelven al estado de reposo. Provad de hablar sin mover las manos y viceversa! Es muy difÃcil porque no es natural.
¿Qué podemos hacer, entonces, cuando estamos frente al público y empezamos nuestro discurso  sentimos que los brazos nos pesan, nos sobran como si no fuesen parte de nosotros?
Haced el siguiente ejercicio: colocad las dos manos a la altura del ombligo. Haced que los dedos abiertos se toquen por las puntas. Seguro que habéis visto este gesto en numerosos polÃticos y profesores. Permaneced en silencio en esta posición. Y, cuando sea la hora, comenzad a hablar. Notaréis que en los primeros segundos las manos se mantienen juntas. Pero en seguida, y casi sin daros cuenta, comenzaran a expresarse, acompañando lo que decÃa. Cuanto más avancéis en el discursos y más os olvidéis de vuestro cuerpo, más naturalidad tendréis en el gesto.
La clave es iniciar el discurso con las manos situadas desde el principio en el espacio natural de la gesticulación, es decir, entre el cuello y la cintura. No es recomendable coger ningún objeto para tener las manos ocupadas. Justamente por eso, porque después os molestará para expresaros con comodidad y toda la libertad que requiere el lenguaje del cuerpo.
Teresa Baró
Enero 2008
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Los puedo amenazar, pagar (y pegar), sobornar, engañar…
No, de lo que se trata es de que los demás hagan lo que yo quiero y que lo hagan contentos, voluntariamente o sin darse cuenta. Esta es la verdadera manera de influir en las personas que me rodean porque todo resulta más fácil, agradable, civilizado y educado.
¿Fácil? ¿Quién ha dicho fácil? Lo es para algunas personas con un verdadero don para la seducción. Es difÃcil para la mayorÃa de los humanos, que terminan imponiendo a la fuerza sus razones o renunciando a defenderlas con sólo sentir una ligera debilidad.Â
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¿Qué padre moderno y consciente no ha terminado diciendo alguna vez el “porque lo digo yo y basta”? ¿Quién no ha argumentado alguna vez “El dinero lo pongo yo y será como yo diga”? Y no hace falta hablar de los que no conocen otra vÃa que la fuerza para imponer sus deseos. ¡Qué desesperación, qué impotencia deben vivir los que se ven abocados al último recurso, la violencia, la brutalidad y la aniquilación, para hacerse valer! ¡Y cada vez están más lejos de su objetivo!
El investigador PhilipeTurchet dice que las personas más seductoras son aquellas que tienen más capacidad de leer las emociones de sus interlocutores con la finalidad de adaptarse. Turchet nos ha dado las dos claves: entender al otro y adaptar nuestro lenguaje al del otro. La seducción es un ritual interactivo que nos permite construir, sumar, compartir. Todo aquello que conseguimos seduciendo y siendo seducidos lo hacemos felices y aumenta nuestra satisfacción. Las personas seductoras no sólo son más felices sino que contribuyen al bienestar de los demás.
¿Los secretos? Algunas pistas…
·        Cree en ti mismo/a
·        Sé valiente
·        Muéstrate optimista y vital
·        Escucha más que habla
¡Muchos éxitos!
PD. Muy buen año a todas las mujeres emprendedoras de Odame, en especial a las que asistieron a la cena de Navidad dónde tuvimos la oportunidad de iniciar una conversación sobre este tema. Las que conocà reunÃan todos los requisitos!
Teresa Baró
Enero 2008
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